Ellos surfean tsunamis – Yaxkin Melchy

(Nota editorial para alba Londres 06)

Es como si de tajo a la poesía mexicana alguien le hubiera quebrado la cabeza, como si eso ya hubiese sucedido hace dos sexenios, ¿pero quién? quizá fue el habla la que rompió la puerta del palacio nacional literario, a como se ve ahora, los poetas sacaron los huesos del museo, lo vemos, los libros también son cadáveres. En este particular des-contorno ha des-aparecido la poesía ¿mexicana? o ¿más cierto es decir que entró a su estado poroso? A partir de estas nuevas escrituras no se puede hablar de una poesía abanderada en su literatura ni atrincherada en su contracultura, sino de un habla que se parte y reparte entre decenas, cientos, y quizá miles de naciones en proceso. Para los defensores del orden literario esto representa un obvio problema. La nación moderna toleraba a los poetas por miedo y maña institucional, cultural. El habla de un poema sin ancla es un probable atentado para las ciudades del discurso, los funcionamientos de la identidad, los halcones de la educación, y he aquí una mayor diferencia actual respecto a la anterior historia de la poesía en México. Desollada ya la certidumbre cultural, el rasgo nacional, su representación y referente, hay un quehacer atravesando otros territorios, hallados o inventados, antiguos o en ciernes. Tiene el aura de una psiconáutica que arroja modos políticos, comunicativos, un estado nebular o atravesante, mucho más holográfico que tradicional.

En México actualmente se escriben cientos de poemas como los de esta muestra, y lo hace una colectividad extraña, con vidas poco en común pero que sin embargo transcurren por esta fiesta en una larga noche. Convocados a nomadizarse o abonados a la orogenia propia se ha llegado a este batik del habla.

Por fin sopla un vendaval que retira el traje monástico y forzado por los españolistas y sus reflejos en la institución y la residencia. En un país de 120 millones de habitantes lo under llega a florecer a sus anchas cuando renace el operador subverso entre contenidos que se editan principalmente por los propios autores, libros fetiches, cibernéticos enlaces, comunidades pirata, revistas, encuentros… Esto es así porque no se han formado conforme al “plan de la cultura”, sino que en su propio júbilo han nacido frente a una crisis eternizada, frente a un estilo inusitado de explotación y publicidad tercer mundista, y he ahí la idea brillante de hacer poesía para trabajar primero con un flujo, con un enlace de mundos dispersos. En esto hemos aprendido no sólo de poetas mayores, sino también de artistas que se adelantaron a sembrar la radicalidad, la desmesura, la ternura, antes que las políticas del oficialismo, la transa, las migajas…

Escuchamos el quehacer de lo político en la porosidad extrema allí donde el sentir no requiere de un significado preciosista sino de la ingesta de un habla intensa, el poema como una suerte de válvula que “descompuesta” mancha, versos cuya acidez van cavando otra circulación del espacio de frente a lo doméstico y sus domesticados talleres. Pienso que esta muestra tiene en común el vórtice “post mexicano” que empieza a funcionar por trasvase de lenguas, pero también de los quehaceres de los poetas. Por fin podemos abocarnos más bien a oficios, libros y prácticas inconseguibles.

Dentro de estas particularidades resuena la risa del coctel barroco en el que se descoloca lo puntual y se hace del sentir sentido, el niño juega a beberlo todo y ocupa el lugar de aquel “señor importante” que se empodera entre los sesos. Mucha resortera, cizalla y motocicletas. Guerrera conexión en la acción de hinchar el recorrido de la imagen y no dejarse a un automatismo ni a una inmediatez, sino a un pensar en hablas excreticias, pulpas, sucus. Un sentido de guerrear para salir, para evidenciar lo que ha muerto… En el rizo lingüístico que los atropella y los vuelve a dejar evidenciamos el saboreo, el desmadre de país dividiéndose en la lengua, poemas como torres de arena lavándose y reconstruyéndose enfrente del oído vidente. El poema da de que hablar, y hablar nos parte y por eso da posibilidades de transitar allende las fronteras y nos pone en la duda de la forma, se parte la poesía y da mensajes, ahí están estos poemas, en la multiplicación del contorno, dejando vidas intrigantes como la huella de otros seres, de otros entes, sus poemas como el registro quedo de ese estruendo cuando se atraviesa a otros sentidos.

Fulmen a la idea de generación, ese légamo de institución y de mercado, en las noches más oscuras del legado los poemas escritos en este territorio son de una valentía que salió de su propia piel y atraviesa por otras atmósferas y edades, entre ellas el gozo en lo político del habla, en el particularísimo espécimen explorador y aventurero que se confronta a una literatura nacional arribista e irrecuperable, una literatura que había perdido su terreno jubiloso, presa del miedo, por ello hoy la poesía de este fulminante momento extirpa esas sanguijuelas publicitarias del significado “mexicano” “joven” “poeta”, hacia lo vidente, el giro, el vórtice para seguir escribiendo, partiéndose, y cada vez refractándose más de sí como supurante natura que crece en el desborde del sentido.

Habría que ahondar más en su pluridireccionalidad, porque el que ahonda ve que lo brillante equidista en cumbres de lo puro, quizá seguir estas naturalezas obliga a pensar en un nacareo libre mientras a México se lo lleva un tsunami político, económico, emocional. México ya es lo perdido, México yace años hundido bajo una gran ola.
Chau al mexican moment, se necesitaba salir de la continuidad de los productos y bailar y surfear para aprender que las alturas no generan cuerpos de habla sino al revés. Entre la selva intraducible está la artesanía más niña, la de un vuelo surfista que da la vuelta al mundo y que sonríe a las sombras conseguidas como una nueva naturaleza.